Cuando pensamos en el oro del Bierzo, aquél que las primeras tribus prerromanas descubrieron en le fondo de los placeres fluviales, pensamos en las pepitas. El oro, por su alta densidad tiende a depositarse en los lechos de los ríos auríferos, como el Sil. Mezclado con las arenas y los cantos rodados, tiende a situarse en zonas tranquilas del río, donde el caudal pierde velocidad. El procedimiento tradicional desde la época prerromana ha sido el bateo de los lodos de los fondos de los ríos auríferos, como ocurre en el Bierzo. Así es como queda el fondo de una batea después de una prospección exitosa:
Las grandes pepitas ya desaparecieron por la intensa labor extractiva que se inició en la época prerromana, pero que fue intensiva en la época romana, en la que el Hispania se convirtió en la principal fuente de oro del imperio romano. Un ejemplo son estos pepitones extremeños que se encuentran en el Museo de Extremadura y que nos muestra Juan Carlos Gutiérrez Marco:
Sin embargo, para que se formen estas pepitas el río tiene que atravesar vetas de roca madre que lo contenga, generalmente en pequeñas cantidades. Por ello los romanos buscaron esta roca madre, que es el cuarzo lechoso, en cuyas vetas puede encontrarse. El tipo de explotación era una minería de trinchera o de mina cubierta siguiendo las vetas de cuarzo y arrancando los fragmentos con picos. En estas fotos se puede ver cómo lo que buscaban los romanos eran las vetas de cuarzo, como podemos ver en las minas del Cañón del Górgora:
El mejor ejemplo de este sistema de extracción de oro por minería "tradicional" en el Bierzo son las minas de Castropodame (aquí vemos a Abel Arias en una de ellas):
Estas minas han sido objeto de estudios exhaustivos por parte de Paco y Abel Arias y gracias a ellos se han podido recrear posibles habitáculos de los mineros excavados en roca, en los que se ubicaban las lámparas de iluminación. En anteriores entradas de esta web, así como en varias publicaciones y paneles explicativos en Castropodame, se puede obtener información detallada de estos trabajos. Todo ello ha contribuido a recrear la forma de vida de estos antiguos mineros y las formas de explotación de la minería aurífera romana:
En la oscuridad de las minas brillaba apenas la luz de las lámparas romanas de aceite, depositadas en sus cubículos en la roca. Habitualmente de cerámica o terra sigillata, las más nobles eran de bronce con figuras de animales o mitológicas. Aquí se muestra una lámpara romana "in situ":
En este vídeo que Paco ha preparado, se muestran varios fragmentos de roca madre con oro, que pertenecen a su colección: en ellos podemos ver cómo se encuentra el oro en su origen, dentro de las vetas de cuarzo.
Como habéis visto en el vídeo , el oro aparece dentro de las vetas de cuarzo, pero también pueden acompañarle otros minerales, como la arsenopirita o los óxidos de hierro:
El siguiente paso tras la extracción de estos fragmentos era la trituración en diferentes tipos de morteros, en cuyas cavidades se colocaba el fragmento y se martillaba posteriormente, tal y como se indica en la figura de Abel Arias:
Algunos de estos antiguos morteros han acabado formando parte de las paredes de las casas del pueblo, en este caso de Castropodame:
Otro sistema de trituración eran los molinos, que podemos ver en esta recreación de Abel Arias:
El polvo triturado obtenido por estos sistemas era finalmente amalgamado o bateado de manera tradicional y de esta manera se recuperaba el oro procedente de la trituración de la roca madre. Y este sería el resultado:
Estas son algunas pruebas que demuestran que, a pesar de la intensiva explotación secular, el Bierzo sigue teniendo reservas de oro diseminadas por su territorio. El bateo de los ríos auríferos bercianos es una forma lúdica y sencilla de ver el brillo de las pajuelas de oro....¿te animas a batear?












